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Misericordiosos como el Padre
 

Diciembre 2015

Canto para la  Exposición del Santísimo

Introducción
En este mes queremos agradecer al Señor los numerosos dones que ha prodigado a la Iglesia y, en modo particular, a nuestra Familia religiosa: el nacimiento del Buen Jesús y los 85 años de fundación de la Congregación de las Esclavas del Amor Misericordioso, el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia y el Año de la Vida Consagrada. Alabamos y bendecimos al Buen Dios por todos sus dones y le pedimos continúe guiando nuestra Familia Religiosa por el sendero de la santidad.

Lectura del Evangelio según San Marcos  (12,28-34)
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos». El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Adoración personal

Comentario

De los escritos de Madre Esperanza
Hemos sido hechos los unos para los otros y vivimos los unos en los otros, habiendo en nosotras algo de los demás y en los demás algo nuestro. Este algo de los otros que hay en nosotras es su vida, y este algo nuestro que hay en ellos es nuestra vida. Nuestras vidas se compenetran mutuamente y se identifican más o menos, según sea lo que se reciba y lo que se dé.

¡Dios mío, os damos gracias por habernos unido de esta manera para la eternidad y porque nos hacéis vivir así, los unos en los otros y todos juntos en Vos! (El Pan 8,167.170)

Adoración personal

Del magisterio del Papa Francisco
En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.

De otra parábola, además, podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: « No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete » (Mt 18,22) y pronunció la parábola del “siervo despiadado”. Este, llamado por el patrón a restituir una grande suma, lo suplica de rodillas y el patrón le condona la deuda. Pero inmediatamente encuentra otro siervo como él que le debía unos pocos centésimos, el cual le suplica de rodillas que tenga piedad, pero él se niega y lo hace encarcelar. Entonces el patrón, advertido del hecho, se irrita mucho y volviendo a llamar aquel siervo le dice: « ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti? » (Mt 18,33). Y Jesús concluye: « Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos » (Mt 18,35).

La parábola ofrece una profunda enseñanza a cada uno de nosotros. Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Apóstol: « No permitan que la noche los sorprenda enojados » (Ef 4,26). Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. « Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia » (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo.

Como se puede notar, la misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser un palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.  (Misericordiae Vultus n.9)

Adoración personal

Canone: Misericordia mía misericordia, misericordia mía mi amor crucificado.

Gesto: Se invita a cada persona a pedir perdón o  realizar un gesto concreto de perdón hacia quien ha ofendido o hemos ofendido.

Canto Vocacional

Oración por las vocaciones
Señor Jesucristo,  Buen Pastor de nuestras almas, tú que conoces tus ovejas y sabes cómo llegar al corazón del hombre, abre la mente y el corazón de aquellos jóvenes que buscan y esperan una Palabra verdadera para sus vidas; hazles sentir que solo en el misterio de tu encarnación encontrarán la luz plena; despierta el ánimo de aquellos que saben dónde buscar la verdad pero temen que su petición sea muy exigente; sacude  el ánimo de aquellos jóvenes que quisieran seguirte, pero no saben vencer la incertidumbre y el miedo y terminan siguiendo otras voces y otros senderos sin salida. Tú que eres la Palabra del Padre, Palabra que crea y que salva, Palabra que ilumina y sostiene los corazones, vence con tu Espíritu la resistencia y la demora  de los ánimos indecisos; suscita en aquellos que tú llamas el coraje de la respuesta del amor: Heme aquí, mándame.

Virgen María, joven hija de Israel sostiene con tu amor maternal aquellos jóvenes, a los cuales el Padre hace sentir su Palabra; y sostiene a quienes  ya están consagrados. Que te repitan a Ti el si de una donación gozosa e irrevocable. Amén.  (Juan Pablo II, oración de la XXX jornada mundial por las vocaciones)

Intenciones  particulares
Oremos unidas y digamos: ¡Amor Misericordioso escúchanos!

1.    Por el Santo Padre y por todos los obispos.
2.    Por las necesidades de la Iglesia y de nuestra Familia religiosa.
3.    Por la Congregación de las Esclavas del Amor Misericordioso para que a ejemplo de la Madre Fundadora, Beata Esperanza de Jesús, siga llevando el mensaje del Amor Misericordioso hasta los confines del mundo.
4.    Oremos para que toda la humanidad pueda vivir este Año Jubilar de la Misericordia a la luz de la Palabra del Señor: “ Misericordiosos como el Padre”

Oremos con la Beata Esperanza de Jesús:
Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, te damos gracias porque nos  llamas a tu Amor Misericordioso por medio de la vida y la palabra de la Madre Esperanza de Jesús. Dónanos su misma confianza en tu amor paternal y si está en tus designios darle la gloria que reservas a quien es fiel a tu Espíritu y revela al mundo la bondad de Jesús, por su intercesión, concédenos la gracia…Te la pedimos contando con la ayuda de María, medianera de misericordia que queremos cantar in eterno. Amén.

Canto de adoración

Bendición Eucarística

Canto final a la Santísima Virgen

 


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