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Dos Congregaciones, seis “ramas”.

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Humildad, la regla de oro
 

Enero 2016

Canto de Exposición del Santísimo

Introducción
En este mes de enero, todavía sumergidos  en el tiempo de Navidad, queremos pedir a la Sagrada Familia el don de la humildad, y que envie buenas y santas vocaciones a su Iglesia en particular a nuestra  Familia religiosa del Amor Misericordioso para que, dóciles a la acción del Espíritu Santo, podamos responder generosamente a su llamada.

Lectura del Evangelio según San  Luca (1,46-55)
María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

Lectura del Evangelio según Mateo (1,19-21.24-25)
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.

Adoración personal

Comentario

De los escritos de Madre Esperanza
Queridas hijas: Me pregunta una de vosotras cuál será la mejor preparación para recibir la Sagrada Comunión. A mi juicio lo que debemos hacer es procurar el perfecto cumplimiento de todos nuestros deberes en unión con el Buen Jesús, para complacerle y darle gloria; éste es, hijas mías, el medio mejor para hacer que venga a nosotras, Aquel cuya vida entera se compendia en la obediencia filial a su Padre, para más complacerle.Procuremos la humildad sincera fundada en parte, en la grandeza y santidad del Buen Jesús y en parte en nuestra pobreza y miseria. Esta disposición, hijas mías, despoja a nuestra alma del egoísmo, de la soberbia y de la presunción, ya que únicamente en el vacío de sí misma se obra la unión con nuestro Dios, y así cuanto más nos vaciemos de nosotras, tanto mejor se prepara nuestra alma para que nuestro Dios, la tome y la posea.Esforcémonos, hijas mías, en ser humildes, pues a la humildad le acompaña el ardiente deseo de unirnos con nuestro Dios en la Eucaristía y al sentir vivamente nuestra flaqueza y pobreza suspiramos por el único que puede fortalecernos y llenar el vacío de nuestro corazón.Este deseo, hijas mías, ensancha los senos de nuestra alma y la abre de par en par para que en ella entre nuestro Dios, que con ansia espera darse por entero a nosotras.(El Pan 9, 1-4)

Adoración personal

Del magisterio del Papa Francisco
Toda la historia de la fe, está hecha de humildad y nos habla a todos nosotros de humildad. También es así para el hecho histórico del nacimiento de Jesús. Cada acontecimiento parece que Dios hubiera querido que se realizara escondidamente, que no fuera hecho público, que estuviera como cubierto por la sombra del Espíritu Santo. He aquí por qué todo se hace por el camino de la humildad. Dios, humilde, se abaja: viene a nosotros y se abaja. Y seguirá abajándose hasta la cruz. En el momento de la anunciación también María se abaja: no comprende bien, pero es libre: entiende sólo lo esencial. Y dice “sí”. Es humilde: “Que se cumpla la voluntad de Dios”. Entrega su alma a la voluntad de Dios. Y José, su prometido —no estaban casados aún—, también él se abaja y lleva sobre sí esta responsabilidad tan grande. José, también dice “sí” al ángel cuando, mientras dormía, le comunicó aquella verdad. Precisamente el estilo de María y de José muestra que todo el amor de Dios, para llegar a nosotros, recorre el camino de la humildad. Dios humilde que quiso caminar con su pueblo. Nuestro Dios —porque es auténtico, porque no es un Dios falso, es verdadero; no es un Dios de madera, hecho por los hombres, es auténtico— prefiere ir así, por el camino de la humildad. Todo este amor viene por este camino de la humildad. Ser humildes no significa ir por la calle así, con los ojos bajos: no, no. La humildad es la que nos enseña Dios, la de María, la de José. Y la humildad  es la de Jesús, que culmina en la cruz. Esta es la regla de oro para un cristiano: progresar, avanzar y abajarse. No se puede ir por otro camino. Si yo no me abajo, si tú no te abajas, no eres cristiano. “Pero, ¿por qué debo abajarme?”. Para dejar que toda la caridad de Dios venga por este camino, que es el único elegido por Él —no eligió otro camino— que culminará en la cruz. Y luego, en el triunfo de la resurrección. El triunfo del cristiano sigue este camino del abajamiento. Creo que se dice así: abajarse. Miremos a Jesús que comienza a abajarse en este misterio tan bello. Miremos a María, miremos a José. Y pidamos la gracia de la humildad. Pero de esta humildad que es el camino por el cual ciertamente pasa la caridad. Cuando Pablo nos dice: “pensad que los demás son mejores que vosotros”, a veces es difícil pensar en ello. Pero Pablo piensa en este misterio, en este camino, porque él en lo más profundo de su corazón sabe que el amor sólo va por este camino de la humildad. En efecto si no hay humildad, el amor permanece bloqueado, no puede caminar. Pidamos, por lo tanto, la gracia de la humildad a la Virgen, a san José y a Jesús. (Homelia, papa Francesco 8/04/2013)

Adoración personal

Preguntas para la reflexión
1.    En este momento ¿qué camino estoy recorriendo: el de la humildad (progresar, avanzar y abajarme) o el de la soberbia (vanagloria, presunción, ambición, hipocresía, desprecio del otro)?
2.    ¿Cómo vivo las humillaciones que recibo?

Canone: “Misericordias Domini in eternum cantabo”.

Gesto: : “Si yo no me abajo, si tú no te abajas, no somos cristianos”. “¿Pero por qué debo abajarme?” “Para dejar que venga toda la caridad de Dios.” Me comprometo a dar el primer paso hacia quién me ha herído, regalándole un pequeño don.

Canto Vocacional

Oramos por las vocaciones
Quédate  con nosotros, e iniciaremos a resplandecer como Tú resplandeces: iluminar hasta ser luz para los otros. La luz, ¡oh Jesús!, vendrá toda de Ti: nada será mérito nuestro. Serás  Tú a resplandecer, a través de nosotros, sobre los otros. Haz que te alabemos así, en el modo que Tú más agradeces, iluminando sobre todos aquellos que están junto a nuestro. Enséñanos a dinfundir tu alabanza, tu verdad,  tu voluntad. Haz que nosotros te anunciemos no  con las palabras sino con el ejemplo, con aquella fuerza atrayente, aquella fuerza solidaria  que proviene de lo que hagamos, con nuestra visible semejanza a tus santos, y con la clara plenitud del amor que nuestro corazon alimenta por ti”. (J.H. Newman)

Intenciones  particulares
Oremos juntos: Dios de Misericordia escuchanos

1.    Por los jóvenes en busqueda de su vocación. Para que a imitación de Maria y de José, puedan responder con humildad y generosidad a òa llamada del Señor.
2.    Por los jóvenes que viven el peso de la soledad. Para que puedan encontrar en Ti, ho Señor, su todo y la verdadera plenitud.
3.    Por los jóvenes lejanos que no conocen el Rostro de Dios Padre y que no desean conocerlo; abre su corazón a tu Amor y tu Misericordia.

Oremos con nuestra Madre Fundadora
Ayúdanos Jesús mío, para que en nosotras arda el deseo de amar a nuestro Dios con todas nuestras fuerzas, porque El merece ser amado sobre todas las cosas y por lo mucho que El nos ha amado desde toda la eternidad. Queramos amarle, hijos míos, porque El es para nosotros todas las cosas, y fuera de El, nada deseemos, nada busquemos, amémosle porque El nos ha amado y nos ama. (El Pan 9,54-55)

Canto de adoracion

Bendición Eucarística

Canto final a la Santísima Virgen

 


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